No es que no quiera postear...
Es que no tengo nada que decir!
25.9.07
16.9.07
8.9.07
Para siempre (III)
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Relatos
Los ojos del joven reflejaban una gran ternura y el brillo que irradiaba de ellos hacía que el verde de su iris pareciera casi mágico. Sonriendo, el muchacho aún la sujetaba, y aunque habían pasado muy pocos segundos desde que comenzó a sujetarla, ambos sentían que habían estado juntos mucho tiempo.···
De repente algo brilló en el cuello del joven.
Mirándolo detenidamente…
Todos podemos intuir que ponía, ¿no? I I I
5.9.07
Para Siempre (II)
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Relatos
- Aquí termina nuestro camino
- ¿Por que? ¿Por que? ¿Por que nos obligan a separarnos? - dijo Arturo
- Somos muy diferentes, ésto ha sido casi un error
- No, no lo llames error, han sido los mejores años de mi vida
- Y de la mía también, pero ambos sabíamos que ésto tenía que pasar, vine a este castillo sólo durante los años en que mi tío, el rey, me necesitara, y ahora que ha muerto, lo que más me duele es perderte de mi lado. Debo estar loca por sentir ésto
- No estas loca, solo enamorada
- ¿Y no es, acaso, lo mismo?
- ¡No!, es maravilloso. Deberíamos olvidarnos de todo e irnos los dos juntos, donde nadie nos conozca, donde estas estúpidas reglas no tengan validez. Donde las personas puedan casarse con quien quieran, sin importar si son nobles o plebeyos.
- Ese lugar sólo existe en tu cabeza, mi amor. La cruda realidad es que estoy prometida con aquel dichoso conde desde que cumplí los 15 anos y nada puede romper ese maldito vínculo
- Pero tú no le amas, ni siquiera os conocéis
- Lo se ¿crees que no me duele tener que hacerlo? Pero ésto lleva pactado años y hay muchos intereses que ni imaginamos por medio. Lo único que tengo claro es que no podemos interponernos o la venganza será terrible y nunca podremos ser felices
- Pero ésto no puede acabar así... No dejemos que ésto muera, por favor - suplicó mientras una dura lágrima recorria lamejilla del muchacho
- El amor que existe entre nosotros nunca morirá - dijo Irene mientras sacaba dos colgantes idénticos, aunque con distintas iniciales. Dio al joven el que contenía su inicial y ella se quedo el que contenía las tres aes, la inicial del muchacho- lleva contigo este colgante y siempre estaremos juntos
- Un colgante jamás podra reemplazarte
- Lo se, Arturo, pero siempre nos quedara el recuerdo de los años mas felices de nuestra vida
···
Un cálido y apasionado beso puso fin a aquella dura despedida.
Jamás volvieron a verse, pero siempre llevaron pegado a su pecho sendos colgantes.
- ¿Por que? ¿Por que? ¿Por que nos obligan a separarnos? - dijo Arturo
- Somos muy diferentes, ésto ha sido casi un error
- No, no lo llames error, han sido los mejores años de mi vida
- Y de la mía también, pero ambos sabíamos que ésto tenía que pasar, vine a este castillo sólo durante los años en que mi tío, el rey, me necesitara, y ahora que ha muerto, lo que más me duele es perderte de mi lado. Debo estar loca por sentir ésto
- No estas loca, solo enamorada
- ¿Y no es, acaso, lo mismo?
- ¡No!, es maravilloso. Deberíamos olvidarnos de todo e irnos los dos juntos, donde nadie nos conozca, donde estas estúpidas reglas no tengan validez. Donde las personas puedan casarse con quien quieran, sin importar si son nobles o plebeyos.
- Ese lugar sólo existe en tu cabeza, mi amor. La cruda realidad es que estoy prometida con aquel dichoso conde desde que cumplí los 15 anos y nada puede romper ese maldito vínculo
- Pero tú no le amas, ni siquiera os conocéis
- Lo se ¿crees que no me duele tener que hacerlo? Pero ésto lleva pactado años y hay muchos intereses que ni imaginamos por medio. Lo único que tengo claro es que no podemos interponernos o la venganza será terrible y nunca podremos ser felices
- Pero ésto no puede acabar así... No dejemos que ésto muera, por favor - suplicó mientras una dura lágrima recorria lamejilla del muchacho
- El amor que existe entre nosotros nunca morirá - dijo Irene mientras sacaba dos colgantes idénticos, aunque con distintas iniciales. Dio al joven el que contenía su inicial y ella se quedo el que contenía las tres aes, la inicial del muchacho- lleva contigo este colgante y siempre estaremos juntos
- Un colgante jamás podra reemplazarte
- Lo se, Arturo, pero siempre nos quedara el recuerdo de los años mas felices de nuestra vida
···
Un cálido y apasionado beso puso fin a aquella dura despedida.
Jamás volvieron a verse, pero siempre llevaron pegado a su pecho sendos colgantes.
Y, al morir, con los colgantes entre las manos, ambos sintieron que estuvieran donde estuvieran, siempre estarían juntos, que los collares los guiarían a través de las distintas épocas y vidas para acabar uniéndolos Para siempre.
Arturo lo último que dijo fue:
Arturo lo último que dijo fue:
Irene, Irene, Irene
Irene repitió tres veces el nombre de su amado junto con su último aliento:
Irene repitió tres veces el nombre de su amado junto con su último aliento:
Arturo, Arturo. Arturo
1.9.07
Para Siempre (I)
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Relatos
Lo mejor escondido es lo que está a la vista de todos, por eso Isabel, como otras muchas personas habían hecho antes, llevaba aquel extraño colgante en el cuello. Una placa circular de plata que contenía tres simples letras grabadas AAA. Algunos pensareis que son únicamente iniciales, otros diréis que son letras al azar, y algunos, lo mas ingeniosos, incluso dirán que pueden ser meras letras de propaganda de cualquier marca. Pero la historia de aquel colgante era mucho más interesante que todo ésto y ni siquiera la portadora del amuleto conocía su fuerte poder. ···
La muchacha, una fría tarde, paseando por el centro de Granada encontró en una concurrida plaza un mercadillo donde se vendían toda clase de cosas antiguas, desde enormes cuadros a pequeños y extraños objetos y cachivaches (la mayoría diríamos chismes), aunque bonitos, inservibles. Al acercarse a uno de esos puestos chocó con un alto muchacho que se alejaba de él, pero Isabel, sin darle importancia, fijó rápidamente su mirada en un precioso colgante antiguo que había dentro de una caja de latón, medio oculto entre todas las demás alhajas de distintos materiales y diseños que estaban dentro.
En seguida quedó prendada de él, y aunque dudaba de las indicaciones del vendedor, que aseguraba que el colgante era mágico y de la edad media, no dudo en comprarlo. Tras regatear con el tendero consiguió una inmejorable oferta y acepto y no esperó ni un minuto para ponérselo.
“Será psicológico - pensó la joven - pero me siento mejor con él puesto”.
En seguida quedó prendada de él, y aunque dudaba de las indicaciones del vendedor, que aseguraba que el colgante era mágico y de la edad media, no dudo en comprarlo. Tras regatear con el tendero consiguió una inmejorable oferta y acepto y no esperó ni un minuto para ponérselo.
“Será psicológico - pensó la joven - pero me siento mejor con él puesto”.
Tras pasear un rato por el bello centro de la ciudad decidió regresar a casa.
Sentada en la parada del autobús recordó al muchacho con el que se había cruzado en el puesto. Aunque apenas lo había visto, y mucho menos reparado apenas en él, su borrosa imagen no se diluía de su mente y sus rasgos difusos inundaban sus pensamientos. El autobús llegó y tras dejar pasar a una anciana, subió al vehículo cuyo conductor, apresurado, y viendo que no quedaba nadie en la parada, puso en marcha.
Ella, en ese momento, no estaba ni sujeta ni preparada para el acelerón, y además se giraba para mirar hacia adelante, por lo que perdió el equilibrio y empezó a caer de espaldas. Justo antes de caer al suelo alguien la cogió por la cintura y quedó suspendida en el aire como un buen final de tango. Cuando comprobó quien la había cogido, todo a su alrededor se paró. Era el joven del puesto.
Sentada en la parada del autobús recordó al muchacho con el que se había cruzado en el puesto. Aunque apenas lo había visto, y mucho menos reparado apenas en él, su borrosa imagen no se diluía de su mente y sus rasgos difusos inundaban sus pensamientos. El autobús llegó y tras dejar pasar a una anciana, subió al vehículo cuyo conductor, apresurado, y viendo que no quedaba nadie en la parada, puso en marcha.
Ella, en ese momento, no estaba ni sujeta ni preparada para el acelerón, y además se giraba para mirar hacia adelante, por lo que perdió el equilibrio y empezó a caer de espaldas. Justo antes de caer al suelo alguien la cogió por la cintura y quedó suspendida en el aire como un buen final de tango. Cuando comprobó quien la había cogido, todo a su alrededor se paró. Era el joven del puesto.
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