Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

18.1.11

Dos visiones de un mismo café…

 

cafeA

“Vaya Rasca. Me sentaré un rato para entrar en calor, es una reunión importante, necesito estar sereno.

Me voy a tomar un café, uno rapidito, para echarle algo al cuerpo, que no vaya vacío. Además, fresquito, que no quiero que me dé más sueño del que ya tengo

- Un café por favor, con leche fría.

“Que bar tan característico, mira que azulejos tan antiguos, sillas de los sesenta, cuadros que amarillean, lámparas con quilos y quilos de polvo. Lo único que respira novedad es el camarero, se ve jovencillo y con ganas, “apañaete”. Además eficiente, ya está listo el café”

- Gracias, estará frío ¿No?

Será cabronazo, ¡Está hirviendo! ¿Se habrá creído que soy tonto? No siento la lengua. Se me ha quitado el sueño, bueno, y las ganas de todo. Venga, dale un sorbito más, que ya lo has pagado y vámonos. Este sitio nunca volverá a verme, ni, espero, yo a él”


B

“Desde luego, otro lunes más aquí encerrado, si no fuera por que pagan bien le iban a dar bola a este trabajo. Aguantando lo que quiera cada uno, a las 10 los cafés y a las una las cervezas”

- Buenos días ¿Qué le pongo?

cafe“Marchando un café ¡Que bien vive la gente! Aquí pasando el rato, tomándose un “cafelillo”. Se lo pongo rapidito y uno menos. La taza aquí, cojo la jarra de leche, el plato, el azúcar. Ya estamos, venga que nos vamos. Lo dejo con cuidadito encima de la barra, hecho la leche. ¿Me esta hablando? ¿Qué ha dicho? ¡Ah! lo del frío”

- Si, está fresquito.

“Y yo que se, es la misma jarra de leche de los demás, supongo que estará fría, lleva ya un rato hecha. ¡Ahí va! Que cara a puesto, a lo mejor no estaba fresquita. Espera, a ver. Pero… si me he equivocado de jarra ¡He cogido la que estaba recién calentada! Bueno, me haré el tonto, quizá no se haya dado cuenta. Tú camarerote sigue a lo tuyo, no ha pasado nada. Vale, ya se ha ido. ¡Que velocidad! Ese no vuelve….”

11.1.11

Rebeldía Intergeneracional

 

Bronca

- El cuarto de baño está cerrado… ¿Hay alguien dentro?

- Si, se están arreglando

- ¿Qué?

- Salen esta noche

- ¿Cómo? – gritó y salió del salón dando un tirón del pomo de la puerta


- ¡Abrid! ¡Que abráis, coño! – dijo dando una patada a la puerta

- ¿Qué pasa?

- ¿Cómo que qué pasa? Vosotros estáis mal de la cabeza, ¿no? Os creéis que podéis hacer lo que os de la gana ¿o que? ¡Todas las semanas! ¡Tenéis que salir todas las semanas! Y yo aquí, intranquila y sin descansar, esperando a que me llamen del hospital. Y, si al menos no llevarais pastillas, no habría problema en que mezcléis, que os conozco y cuando estáis solos os despendoláis, no esta bien, con vuestra edad. No, no, no esta bien

- ¡No puedes encerrarnos un sábado por la noche!

- ¿Qué no puedo? ¿Qué no? ¡No me tentéis! Que llamo al Entre Álamos que os vigilen allí

- Pero ¿Por qué?

- ¿Por qué? Porque no tenéis edad, que sois muy valientes. ¡Digo! Vamos a ser la vergüenza del bloque, si os ven salir emperifollaos todos los fines de semana. ¿Hoy que toca?

- Fiesta de los sesenta

- Siempre hay alguna excusa, cuando no de los sesenta, de los ochenta y cuando no, discoteca. Ya tendríais que haberos cansao de los sesenta

- Vamos a ir

- ¿Así de claro me lo dices? ¿Y punto? Eso tendrías que estar tu haciendo…. ¡Punto! Y tú, ¡Viendo la tele!

- No te enfades

- ¿Qué no me enfade? ¡Esto es la leche! Venga, haced lo que os de la gana, ¡Vosotros sabréis!


- Hola cielo, ya hemos vuelto

- Hola mama

- ¿Dónde esta tu hermana?

- En el baño, echándoles una bronca a estos

- ¿Por qué?

- Creo que salen esta noche

- ¡Ah! Es verdad, que hoy los abuelos iban a la fiesta de los sesenta.

29.10.10

El extraño caso de los apuntes desaparecidos

Una fría mañana de Marzo, el hueco dejado en la dura carpeta azul dedicada a la asignatura de Televisión, puso de manifiesto la extraña desaparición de unos apuntes, uno de los casos más escamosos del universo ESCO.

Como cada mañana, los dicharacheros alumnos entraban felices a través de las acristaladas puertas de la facultad. (Sin literalizar: los pobres venían medio zombis acatando irremediablemente su destino mañanero). Se notaba en el ambiente que algo no iba bien. ¿Quién era aquel hombre de aspecto descuidado y con gabardina que examinaba las carpetas de apuntes?

Johnny McGregor se encontraba ante uno de los casos más peculiares de su extensa carrera de investigador privado. La teoría inicial que en su cabeza surgió fue la hipótesis del Hurto, puesto que se habían llevado los apuntes sin fuerza física. La carpeta se encontraba intacta y la secretaria ni siquiera había notado su falta. Pero, tras un par de cavilaciones, estaba cada vez más claro que se trataba de un caso de apropiación indebida, puesto que el sospechoso pretendía sacar una considerable nota en el futuro examen de dicha asignatura. Lo único que estaba claro es que los apuntes habían desaparecido. Era como si se hubiesen esfumado, ni un rastro.

La investigación debería buscar otro camino, otro rumbo. Habría que delimitar sospechosos y seguir la intuición. La rechazada posibilidad de haber realizado una simple copia para obtenerlos, sin necesidad de incurrir en un delito, convertía al ladrón en un ser al que el riesgo le aportaba una gran dosis de adrenalina, sabía lo que hacía, y le gustaba hacerlo. Al inicio de las investigaciones no encontró demasiadas puertas abiertas. Descartados los de primero, tercero y cuarto, que no tenían aliciente por el cual apropiarse de dichos apuntes, solo nos quedaba la gente de segundo. Muchachos y muchachas jóvenes, irreflexivos, que posiblemente habrían cedido ante la tentación de quedarse con lo que legalmente pertenecía al profesor y a la escuela. Un acto de rebeldía contra el sistema.

Los de segundo B fueron los primeros interrogados, sin dudarlo ni un segundo, echaron la culpa a los del otro curso. Esta estrategia los quitaba momentáneamente del punto de mira, pero decía muy poco de su compañerismo. Al ser interrogados los del A, negaron poseer dichas fotocopias, reacción más que natural. Estábamos como al principio. No era fácil la resolución de este enigma. Una cosa tan nimia como unos folios podían hacer que casi 60 personas suspendieran un examen, y, aunque hubiera sido la cosa más inútil del mundo, era su trabajo y debía realizarlo más que a la perfección.

De repente, sin querer, escuchó una voz que se acercaba por el pasillo “¡Pues eso que he ahorrado! Que pongan otro juego”, pero la distorsión del eco de los largos pasillos de la facultad hizo imposible el reconocimiento de dicha voz. Le era muy conocida. Decidió acercarse a la puerta y pudo escuchar el diálogo, que ya iba por otros derroteros, hasta que recordó donde había escuchado esa misteriosa voz: Era una de las personas que se habían quejado, increpado a sus compañeros y azuzado para resolver el enigma. Ahora sabía quien era. La conversación cesó y se decidió a dar caza al ratero, así que abrió la puerta de la habitación en la que se encontraba, avanzó rápidamente por el corto pasillo que lo separaba de la habitación en la que el malhechor se había introducido y llegó hasta la puerta que lo separa del culpable. La tan transitada puerta de la biblioteca, ahora se encontraba cerrada. Con firmeza agarro el pomo metálico y despacio, pero sin dudar, lo giró hasta abrirlo completamente.

La puerta comenzó a abrirse y poco a poco la claridad de la estancia inundó al investigador, que tuvo que acostumbrar sus ojos a la luz. Una forma difuminada lo esperaba al final de la sala. Era el momento de que se conociera la verdad. El detective miró fijamente al ladrón y asombrado dijo: “¡Pero si eres tu!”.

Entro en la sala y cerro la puerta. La oscuridad volvió a inundar el pasillo. Los apuntes nunca aparecieron, Johnny tampoco.

 

- Relato de 2007con motivo de la explicación de la diferencia entre robo, hurto y apropiación indebida.

Una de mis idas de olla, pero a tiempo vista, me resulta gracioso-

24.4.10

Una interminable tarde de bus

Este post ha sido escrito en el propio autobús y no ha sido “revisado ni modificado” en su traslado al blog para conservar la esencia del momento.

Desde octubre, cuando me traslade a Madrid viajo a menudo en autobús de regreso a casa, antes bajaba muchos fines de semana largos, tomándome libre desde el jueves.... ahora ando más liado y soy mucho más selectivo con mis escapadas porque cinco horas y media de viaje son ya de por si agotadoras como para estar únicamente dos días en el destino, dos días que apenas me da tiempo a disfrutar.

Este fin de semana tenía una cita inexcusable, una boda en Granada así que he tenido que hacer una escapada relámpago. Pero me esperaba uno de los viajes más accidentados de toda mi estancia en Madrid

Ya la cosa empezó regular cuando decidí saltarme las clases del viernes para poder coger antes el autobús y llegar más pronto a granada.

Suelo salir del trabajo (una beca que estoy haciendo) sobre las 3 menos cinco, me escapo cinco minutillos antes para poder coger un bus que pasa a las 3 y así llegar a tiempo para comer en la residencia. (El comedor cierra a las 15:45) Hoy también iba a ser diferente puesto que había cogido billete de autobús para las 16:30 así que no me aba tiempo a cruzar Madrid de punta a punta y comer entre medias. Así que anoche pensé en dirigirme directamente a la estación de buses y allí ya comerme un bocata o algo.

Hoy justo hoy, debido a líos en la oficina he salido a las y diez, no es que pase nada grave, pero lo justo para tener que esperar casi hasta y 20 para coger el bus. Como buen viernes, traficazo en Madrid a la hora de la comida, cientos de finesdesemaneros que abandonan la villa intentando aprovechar el finde a tope.

He llegado a Moncloa, donde debía coger el metro sobre las 4 menos 20, ya con 15 minutos de retraso de mis previsiones básicas para conseguir llegar al bus... y comer algo!! 4 paradas de metro en la línea 6... Los que sean de Madrid lo comprenderán. Ha sido el trayecto con más incertidumbre de este mes (el del pasado fue cuando se quedó parado en mitad de un túnel). He llegado a Méndez Álvaro a las 16:25 así que de comer ni hablar!

Me he montado en el bus y maldita mi suerte una chica no ha parado de hablar al lado mía durante todo el trayecto... no conmigo, sino por teléfono (maldito 90x1), o incluso cantando cuando no charlaba, ha sido desolador... Dos horas más tarde, he conseguido comer algo desde anoche! Yo nunca desayuno, prefiero arañarle cinco minutos más a la cama. Tras la obligatoria parada hemos continuado nuestro camino hasta un frenazo en seco en mitad de Despeñaperros. Un camión había volcado su contenido en media carretera y estaba el tráfico paralizado--- al rato hemos descubierto que se trataba de comida de perro, no es que esto sea relevante pero me encanta recrearme en los detalles.

Con ya media hora de retraso hemos continuado nuestro hasta.. Que en algún lugar de ninguna parte, aproximadamente a media hora de granada el autobús ha decidido hacer punch y se ha estropeado. La gente en el bus no se lo podía creer, yo como gente que sigo siendo tampoco. No podías ser un viaje más accidentado... Por suerte, 15 minutos después el aguerrido conductor, que el pobre también habrá pasado lo suyo. (No pensaba lo mismo cuando se ha parado el autobús, que me cagaba en tó), ha conseguido arreglar lo que fuese que fallaba y hemos emprendido la marcha de nuevo.

Son las diez y diez de la noche y deberíamos estar en granada hace 40 minutos. He abierto el portátil y he decidido relajarme escribiendo todo esto, quizá no sea de interés nacional pero a mí me ha jorobado bastante.

Cuando publique ésto, seguramente todo habrá pasado a segundo plano porque habré vuelto a Graná dispuesto a pasar un fin de semana estupendo. Pero no dudéis que me tomarme un chupito para brindar por las averías de transporte, incluso el que se produce sin diálogo. Cosas mías, "no preocuparse"

24.3.10

Perdedor

¡Que dura vida la del perdedor! Acostumbrado a estar siempre rendido ante las exigencias del guión de su propia vida Julián estaba condenado a una existencia en penumbra, avanzando poco a poco por un camino empedrado y árido que algunos llamaban porvenir, para él, mero estar en un existir que ni comprendía, ni quería comprender. Toda una vida dedicada a hacer malabarismos con el poco dinero que tenía entre timbas de póquer y partidillas entre amigotes, que se convertían en verdaderas ratas cuando tenían pelas por delante, pero también toda una vida como alma en pena, perdiendo una vez tras otra honra, sustento y sobre todo, dignidad.

La primera aparición en escena de la suerte acontecía al comprobar como nuestro protagonista, despistado, pisaba un sobre caído en el suelo, un sobre repleto de puentecitos, un sobre repleto de dinero, demasiado dinero. La inicial sonrisa de sorpresa, se convirtió en sonrisa de promesa, puesto que se prometió a si mismo que aquella noche sería el rey del gran casino, ese al que soñaba ir desde que la ludopatía recorría cada centímetro de su cuerpo.

Por dentro se sentía un simple aldeano, más inferior que los otros extraños habitantes del casino, pero por fuera, parecía un león que se los iba a comer a todos, más si cabe, a aquella exuberante rubia “cazafortunas”. Partida tras otra, el parné en su caja de fichas aumentaba, y juego tras juego el felino que parecía se comía al diminuto campesino que se encontraba dentro de él. Nunca pensó que podría aburrirse de ganar, pero tanto y tan seguido ganó que sentía que aquel casino se le estaba quedando pequeño, incluso Mónaco para él, sería un simple parchís entre abuelitas. El león había devorado y digerido por completo al aldeano, y con él, a toda la humildad que le quedaba. Serpenteando debido al güisqui, con el cuerpo y el alma con exceso de adrenalina y con la cabeza altiva traspasó las doradas puertas del local dirigiéndose hacia su deplorable piso. “Tengo que dar la razón a aquella pelirroja, ¡Soy el mejor¡ nadie puede tener tanta suerte como yo, nunca un humano ha podido ser tan afortunado, ni siquiera Dios tuvo tanta suerte, esto me convierte en más que él, alguien tocado de verdad por una estrella, una estrella que me ha hecho invencible, no siempre pensé que podría hacer lo que quisiera, pero ésto me ha demostrado con creces que si, que soy invulnerable, inmune, imbatible ¡No se más sinónimos! Pero me da igual, puedo hacer lo que quiera, esa providencia me protegerá de cualquier cosa, ya he retado a la suerte, a la cuál he dado una fuerte paliza, y la he dejado sin un duro, Ja, maldita suerte, pensaba que podría ganarme. ¿Alguien más? ¡Nadie! ¿Quién se atreve a retarme?”

En ese momento, una baldosa mal puesta de la calle lo hizo tropezar y caer al suelo donde pasó de ser un hombre medio cabal a un ente perdido entre destellos de locura. Tirado en el pavimento, y sintiéndose retado pensó que la gravedad le había echado el guante y quería pelea, y él, no iba a negársela. Caminó unos metros más hasta llegar a su edificio, doce pisos más azotea sería suficiente ventaja para la incrédula de la gravedad. Subió rápido, no fuera a pensar que se estaba rajando, y sin ni siquiera sacar del bolsillo el sobre del dinero, aumentado considerablemente desde su encuentro se lanzó decidido al vacío. Los primeros cinco segundos sonreía altivo, seguro de que su suerte acudiría a salvarlo. A los diez sintió que todo era una locura, que cuando la suerte le había sonreído, no había sido capaz de devolverle la mueca. A los quince, su cuerpo choco contra la acera.

Nadie, durante el trajín posterior a ello, reparó en un abultado sobre que yacía escondido entre dos coches unos metros más adelante. Un sobre que, pronto y fatídicamente, volvería a ser encontrado.

12.3.10

La inspiración Gilmore

Desde siempre la cocina había sido el meeting point. Poco menos que el mismísimo ágora que tuvieron los griegos. Hacía casi una semana que, debido a mil cosas no se sentaban juntos a la mesa, aquella mañana, como siempre, el diálogo voló a su libre albedrío…

- Estas natillas están de muerte. Es como si las hubiera hecho una abuela mágica, la mejor abuela del mundo

- Pues llevan en el frigo ya un par de días

- ¿Sí? No me he dado cuenta. Es que acabo de ver al palurdo de las natillas Danone y me ha apetecido. Ya sabes, culo veo…

- Ya, Ya. Hay que ver estos anuncios, le venderían un peine hasta a un calvo

- Quizá no lo quiere para él.

- No seas rebuscao. A mí nunca m´an regalado un peine. ¿Y a ti?

- A mí tampoco, pero si me lo hubieran regalado… ¡Vaya mierda!

- Pues sí, no es un gran detalle. Seguro que a los de los anuncios de natillas tampoco les han regalado nunca un peine.

- Tienen millones, a lo mejor no les importa comprárselo.

- Yo no recuerdo haber comprado un peine nunca, simplemente estaban en el cajón

- Seguro que a los deportistas de los anuncios también les crecen los peines en sus cajones.

- O en sus taquillas, tienen que estar los vestuarios rebosantes de peines

- Hombre los futbolistas son mu coquetos seguro que les hace falta alguno que otro

- Pues vaya. ¡Ya ves! Para dar cuatro patadas a un balón… Lo único que necesitan son unas buenas zapatillas

- Mi zapatero se ha roto, he metido los zapatos en el armario

- En el armario ¿Dónde?

- En la estantería de abajo. Están apretadillos pero bueno

- Es que tienes demasiados

- Es que somos unos chapuzas, teníamos que haber “comprao” un zapatero bueno

- ¿Bueno? ¿Es que tu zapatero era malvado?

- Sí, como la vitrina de los Dvds, que te pilla los dedos cuando te descuidas

- Es que hay muebles despiadados

- Me voy a dar de baja en el Videoclub

- ¿Eso se puede hacer? Yo pensaba que te quedabas apuntado toda la eternidad

- No sé, supongo que el carnet no será vitalicio

- Supongo, pero, ¿Por qué? ¿No será por ella?

- Creo que no, hace mucho que no la veo

- Hace mucho que no vas al videoclub

- Que me la encontrara una vez no significa que este plantada en la puerta todo el día

- Por si acaso

- Es que no quiero verla más

- Pero si erais buenos amigos. Incluso pensé que podría surgir una historia romántica.

- Ya estamos con el rollo

- Una de esas historias que perduraran por los siglos de los siglos

- No seas melodramática

- Romeo y Julieta, Cleopatra y Marco Antonio…

- Todos están muertos

- Vaya es que le quitas la ilusión a cualquiera. Un amor de película, como en esa que tanto te gusta

- Sí, claro mama, siempre nos quedara el Blockbuster.

6.1.10

Cosas del destino (Un relato de Navidad)

Un leve rumor fue lo único que necesitó para despertarse. Su sueño intranquilo había concluido, una suave luz tintada de rosa por los finos visillos inundaba toda su habitación, se había olvidado de correr las cortinas de terciopelo burdeos la noche anterior, quizás fueron los nervios o ¿Serían los años? Lentamente se sentó en la cama, acariciando tanto las sabanas como las agradables mantas, disfrutando de cada pequeña caricia. Descalza recorrió el corto espacio que la separaba del baño, una vez allí, se miró en el espejo, miró fijamente sus labios, miró sus profundos ojos verdes, brillantes, ilusionados, miró también las arrugas que se arremolinaban alrededor de los ojos, arrugas de edad, de experiencia, de sabiduría. Se arregló un poco su canoso pelo y se dirigió de nuevo hacia el dormitorio. Después de elegir y ponerse su conveniente atuendo se dirigió hacia el salón principal, tras abrir la pesada puerta de madera entró y se sentó en un mullido sofá blanco, su traje carmesí destacaba claramente entre los tonos cálidos del salón. Pocos minutos después de su silenciosa llegada a la habitación apareció un apuesto joven, saludándola se sentó a su lado, hablaron largo rato sobre asuntos efímeros, el tiempo, la bolsa, el teatro, etc. Evitaban el tema principal, su futura muerte, tras un paseo por las ramas del tema llegaron al asunto en cuestión, acordado todo, el joven se despidió y tras levantarse del antiguo sillón, salió de la habitación dejando a la anciana con sus propios pensamientos.

Poco rato después. Ella quiso dar un paseo en su coche, por lo que después de avisar al cochero, cogió su abrigo. Nevaba, paseó por el parque donde vio a niños que jugaban con bolas de nieve, vio a jóvenes que se divertían con trineos, y a mayores que, alegres, hacían muñecos de nieve, ese día de Navidad estaba siendo perfecto. Recorrió la ciudad y observo como las familias se agrupaban en torno al fuego para cantar canciones, contar historias o tan solo charlar. Tras cerciorarse de que todo andaba en calma decidió volver a su casa. Descubrió que llegaba la última, casi todos los miembros de su familia ya estaban en el salón, acomodados, esperaban su llegada. Al entrar, sonrió, y con tranquilidad se acercó a la chimenea, en ese momento entró su pequeña nieta que corriendo hacia ella le gritó: “¡Abuela! ¡Que guapa estás hoy!, sonriendo, la madre de la nieta o mejor dicho su hija, asintió: “Es cierto que estas guapísima, mama”. El resto de los presentes asintió con leves gestos de cabeza. La anciana emocionada por tal muestra de cariño, no podía articular palabra, tras unos minutos consiguió expresar: “Pasemos al comedor, o la comida se enfriará”, al terminar la frase una lágrima despiadada salio de su ojo para aventurarse por su mejilla, hoy mas blanca que nunca. Tras la abundante comida, una insostenible situación incómoda llenó el vació del tiempo, todos veían cerca el momento y no sabían como reaccionar ante eso. Ella, tomando la iniciativa, decidió despedirse de todos los familiares lejanos, éstos, después de unos cordiales saludos se marcharon, solo quedaron en la casa ella y sus tres hijas.

Decidieron dar un paseo a caballo. Era lo que más les gustaba, abrigadas, cogieron cuatro corceles y pasearon largo rato por los extensos bosques que rodeaban la casa, los habían visto cientos de veces por lo que era imposible perder la orientación. Decidieron descansar un rato en la orilla de un río helado. La hija mas pequeña que tan solo contaba con 17 años, jugueteaba con el hielo, las otras dos dialogaban con su madre. Tras avisar a la hija menor les contó porqué había decidido ese camino en su vida: “Cuando yo era joven – comenzó – hace muchos años, un día de navidad como este. Nevaba también. Paseábamos mi madre, mi hermana y yo a caballo, tal y como lo estamos haciendo ahora. En cierto momento del paseo mi caballo se desbocó y tras unas cuantas zancadas caí al suelo. Inconsciente, vi, como una mujer se acercaba a mí, era la belleza en persona. Esa mujer me dijo que estaba determinada a ser lo que soy, me dijo que yo la sucedería, decidí aceptar y acarrear con todas las consecuencias, por eso me encuentro hoy aquí, y vosotras también, este hecho ha marcado toda mi vida, os quiero mucho, mucho más de lo que imagináis, y no quiero dejaros pero debo hacerlo. Debéis comprenderlo. Yo siempre estaré con vosotras, en vuestro corazón. Pero bueno, dejémonos de sensiblerías. Hoy es un día feliz, regresemos que se está haciendo tarde.” – dijo, concluyendo el relato.

Al regresar a la casa ya estaba oscureciendo. Tras bañarse decidió ponerse un largo traje crudo. Después de la cena como muchos días leyó una historia a sus hijas. Ella, sentada en una butaca narraba una linda historia de príncipes y princesas. Una de ellas, Ágata, la menor, no paraba de llorar, ahora se daba cuenta de todo lo que iba a perder. Su madre hizo como si no se enterara del llanto desesperado de su joven hija, era su misión, su destino. Al terminar de leer el relato, se excusó, dio las buenas noches y se retiró a descansar.

A la mañana siguiente encontraron su cuerpo tendido en el jardín de la señorial casa, su vestido crudo se confundía con la nieve y tan solo sus profundos ojos verdes brillaban entre la blancura del paisaje. Debía morir ese día a las doce de la noche, ese era su destino, el que llevaba tanto tiempo esperando, el que ella había elegido, por el que se había preparado tanto. Ella había conseguido convertirse en el espíritu de la Navidad. Por eso cada vez que pensemos en esas fechas, que le deseemos feliz navidad a alguien, que cantemos un villancico, etc… Ella estará acompañándonos, a nuestra diestra o siniestra pero siempre junto a nosotros.

Publicado en EL ESPECIAL RELATOS DE NAVIDAD en el diario Ideal EL 24 DE DICIEMBRE DE 2003. Hace seis años… que se dice pronto!

14.10.09

El Ascensor

(Y hoy subimos por el ascensor)

Las relucientes puertas metálicas se abrieron como por arte de magia. Dentro, un frío suelo de mármol blanco y tres paredes metálicas, una de ellas con un gran espejo que la reflejaba por completo. Esperaban su entrada.

Era claustrofóbica desde que su mente podía recordar. Era joven y había entrado alguna vez que otra en otros ascensores, pero siempre acompañada y, casi, por obligación. Vivía en un sexto y toda la vida había subido por las escaleras… acababan de instalar el nuevo elevador y ella, disimulando el miedo, había decidido utilizarlo para quitarse ese peso de encima de una vez por todas. Al entrar, el tacón se le quedó enganchado en el hueco que había entre el cubículo y el suelo “será una advertencia”- pensó y sin esperar ni un segundo más se desenganchó y entró. Las puertas se cerraron, todo bien.

El ascensor, pacientemente, esperaba recibir sus órdenes. Tras respirar profundamente pulsó el seis. Comenzó a elevarse. Se miraba en el espejo, como hace todo el mundo. No estaba siendo tan duro como ella pensaba.

De repente la simbólica compañía de la electricidad la abandonó y todo quedó a oscuras, parado. Pronto se encendió la luz de emergencia y una atacante luz roja la iluminó. Miraba aterrorizada su reflejo en el espejo, buscando alguna respuesta. Miraba también los hilera de botones, uno de ellos indicaba ser el botón de emergencia, lo pulsó fuertemente y una sosegada voz le preguntó:

- ¿Qué desea? .

- Magdalenas! ¡No te jode! ¿Pero tu eres tonta? ¿Qué voy a desear? Quiero que me saquen de aquí!

- Tranquila señora, estoy aquí para ayudarle.

- Sáqueme de aquí, ¡Ahora! – dijo alzando la voz.

- ¿Cuánto tiempo lleva ahí dentro?

- Yo que se, cinco minutos – respondió histérica.

- Dígame en donde está y mandaremos a alguien a buscarla.

- Estoy en la calle Portugal, número diez.

- Perdone, no la escucho, creo que esto se a rotghth.

- ¡Eh! ¡Eh! Espera, no, ¡mierda!.

Dejó de oír la voz. La comunicación se había cortado, y la operadora no había conseguido apuntar la dirección, estaba sola en esto. No podía quedarse dentro ni un minuto más así que decidió buscar alguna forma de salir, empezó a tantear la puerta y vio que no se podía abrir. El suelo, imposible, una sola piedra de mármol cargaba todo su peso sobre una plancha metálica. “Quizá por el techo, como en las películas” pensó desesperadamente, había dos barras metálicas a la altura de su cintura y subiéndose a ellas intentó quitar una placa de escayola que tras un par de golpes cayó al suelo. Una intensa luz caía desde lo alto del edificio gracias a una claraboya que iluminaba el hueco del ascensor. Consiguió, no sin esfuerzo, pasar por el hueco y subirse en el techo del ascensor. Una vez arriba vio que el sistema de apertura desde dentro era muy simple, tan solo debía introducir una “especie de llave”, que no tenía, en una “especie de cerradura”. Quería salir de allí lo más rápido posible así que se quitó un pendiente y trasteó la cerradura. Gracias a un giro de muñeca y a un golpe de suerte consiguió que la puerta se abriera, en ese momento una gran corriente de aire inundó el hueco del ascensor y le abofeteándole la cara….

- ¿Estas bien? Ana, ¿Estas bien?

- ¿Que ha pasado?

-Te has desmayado…

- ¿Me has dado una hostia?

- Si, flojito, no sabía como despertarte.

- ¿Que ha pasado?

- Un vecino, viendo que el ascensor estaba atrancado, llamó para que vinieran a arreglarlo. Los de la empresa nos dijeron que avisó una chica pero se había cortado. Creo que llevas inconsciente desde entonces.

- Javi, nunca más, que lo sepas.

21.1.09

El sombrero rojo

Cuando salió de su casa esa mañana iba con prisa. Se había quedado dormido y no había tenido tiempo para nada. Cogería el autobús, si no le tendrían que salir alas para poder llegar. Junto a él en la parada se encontraba una atractiva mujer joven con un gran sombrero rojo, nunca la había visto por el barrio. Se sentó solo en el autobús, un poco hacia el fondo. Ahora tendría que esperar alrededor de un cuarto de hora hasta llegar a su parada, así que decidió echarse una cabezadita. Puso la alarma en el reloj y viajo hasta el reino de Morfeo. Al poco rato, entresueños, notó que le daba un poco de frió pero no le dio mayor importancia.

De pronto, un bache lo desperezó. ¡Estaba atravesando la plaza roja de Moscú! Sus ojos, inundados de cúpulas de colores, no daban crédito. Sobresaltado se giró, “¿Me habré equivocado de autobús?”, vio a la joven del sombrero y mirando el número en la cabina del conductor se cercioró de que no había equivocación alguna. Pi, pi, pi, reclamó la alarma de su reloj en ese mismo momento. “¿Cómo coño hemos atravesado Europa en un cuarto de hora?”

- “Perdona, ¿Qué hacemos en Moscú?” preguntó a la del sombrero.
- “Yo me bajo en esta parada ¿Vienes?” Contestó clavándole unos increíbles ojos verdes.

Ella salió dejando un dulce olor a jazmín, así que como nuestro protagonista no sabía qué hacer la siguió. “¡Esta todo nevado y… no tengo frío!”.

Tras algunos callejones, la joven entró en una casa antigua, y sin dudarlo, segundos después, el muchacho cruzó el umbral. Lo recibió un amplio recibidor (¿Quién si no?) con suelos de mármol y una gran araña de cristal en el techo. De la estancia salían tres puertas, pero ni rastro de la del sombrero.

Siguiendo un ápice de instinto, decidió entrar por la del centro y descubrió un largo pasillo que acaba en una habitación muy grande llena de espejos dispares, de todas formas, tamaños y colores; pero vacía. Dio media vuelta y se aventuró por otra puerta, donde descubrió un amplio salón con una mesa en el centro, multitud de velas encendidas y, curiosamente, diversos retratos de la joven del sombrero. De repente, un susurro en su oído “Estoy feliz de que hayas venido”.

Se giró asustado y como no vio a nadie, volvió al recibidor principal. Sólo quedaba una puerta, de donde ahora salía una luz muy fuerte. La abrió y tras dejar que sus ojos se acostumbrarán a la claridad vio como se acercaba hacia él la chica del sombrero, ahora, destocada y sonriente. Sin que ella moviera los labios, de nuevo el susurro “Gracias por seguirme, ahora, puedes seguir tu camino”
Se despertó sobresaltado, todo había sido un sueño. Ya era demasiado tarde para ir a clase, otro día fumado. Puso la tele.
INFORMATIVO ESPECIAL:
Grave accidente de un autobús urbano; han fallecido varias
personas.
Cuando el joven reparó en la línea accidentada cayó en la cuenta de que era el que él debía haber cogido esa mañana. Volvió a mirar al televisor y como hipnotizado descubrió un círculo rojo en el suelo alrededor del siniestro, “¿Qué hace ese sombrero ahí?” pensó, antes de echarse a llorar.

6.1.09

Formentera Express. La ida

Hace alrededor de dos meses, cuando se estableció el 3 de enero la fecha del bautizo de mi primo Mario, al ser cuando la mayoría de la familia tenía vacaciones, mi padre decidió calcular nuestra salida el día 2 de enero y regresar el día 5, organizando así un fin de semana donde poder estar con la familia, relajarse y retomar fuerzas antes de volver al trabajo acabado el periodo estival.

Las combinaciones de vuelos en iberia no podían ser más favorables.
De Granada partía un vuelo a las 7 de la mañana, que llegaba a la T4 en Madrid aproximadamente a las 8. De allí, a las 9 salía otra avión, destino Ibiza, que alcanzaba su destino alrededor de las10, y tomaríamos una barca a las diez y media para estar en Formentera aproximadamente a las 11. En total, si todo salía correctamente, cómo debe ser, el viaje duraría 4 horas, en las que no tendríamos mucho tiempo de espera y en la que todo, oficialmente debía ir rodado. Al menos, esto nos aseguraba el papel de la reserva, la realidad, no pudo ser más distinta. No contábamos con la huelga de controladores aéreos y con los chanchullos encubiertos de los pilotos.

Llegamos al aeropuerto de Granada, más o menos a las 5:30, tras casi 20 minutos de coche, para facturarlas maletas en el vuelo de las 7. La gente poco a poco iba llegando y poniéndose en una larga cola. Nadie en el mostrador.
Sobre las 6 aparece un hombre que sin comunicar nada empieza a atender a gente en la cola, de un modo "normal". Éramos de los primeros en la fila por lo que la sorpresa nos la llevamos bien pronto: "El avión que tiene que salir a las 7 de la mañana, no se encuentra aquí, anoche se retrasó y no llegó desde Madrid porque el aeropuerto estaba cerrado. Su vuelo se retrasa hasta las 10, cuando llegue el primer vuelo "Madrid-Granada". Fue una sorpresa mayúscula porque por lo tanto perdíamos la conexión con Ibiza, y nuestro viaje se descuadraba por completo. Nos dijeron que lo arregláramos en Madrid y nos aseguraron que nos colocarían en un vuelo posterior a la isla pero que todo iría con cierta normalidad.
Resignados, esperamos 4 horas intentando ser positivos, aunque todos sabemos que la espera en los aeropuertos es una de las cosas más inquietantes que existen. El vuelo salió, y llegamos a la T4 a las 11 de la mañana. Nos dirigimos directamente a un mostrador de atención al cliente de Iberia. Esperando en la cola, oímos:

- Es que su compañero es un gilipollas
- No le permito que hable así de un compañero, hay que tener respeto – argumento airada una chulesca empleada de Iberia
- No se puede hacer esto con las personas – argumento el cliente insatisfecho – nos tratan como a ganado
- ¿Qué quiere que le diga? No podemos hacer nada.
A lo que el hombre se fue como alma que lleva el diablo.

Nuestro turno. Pensé: "Vaya, vaya tía simpática nos va a arreglar el asunto". Mi padre expuso el problema, la azafata tecleo unas cuantas cosas en el ordenador y bastante grosera dijo, sin anestesia: "que sepan que ustedes no van a ir a Ibiza". Cuando nos vio ojipláticos añadió, "no hay ningún sitio libre en los vuelos que salen hoy hacia la isla", seguíamos en estado de shock. "Tendríamos que enviarlos de vuelta a Granada", decía señalándonos a una compañera del mostrador, como si no estuviéramos delante y pasando un momento bastante delicado.
Si no llegábamos a Ibiza ese mismo día (el 2), no tenía sentido el viaje, nos perderíamos el bautizo del bebe, a lo que íbamos expresamente. "Además, el de Granada os ha eliminado de la lista de espera, y os lo ha anulado absolutamente todo, ha hecho que perdáis incluso la "antigüedad" en la lista de espera, ¡os envió a Granada y punto!".
Mi padre re-explico, un poco achantado, porque lo estaba pasando fatal, que era necesario que llegáramos, que teníamos un contrato con la compañía por la cual estaba obligada a llevarnos hasta Ibiza, que no podíamos faltar, ¡era el padrino! La del mostrador, como haciéndonos un favor volvió a mirar el ordenador y dijo que había una posibilidad de llegar haciendo escala en Valencia, a lo que rápidamente accedimos, pensando, mejor llegar un poco tarde y mareados que no llegar.
Aún así, la de Iberia continuó, "tendríamos que llamar a Granada y decirle al de allí, que cómo se le ocurre hacer este chanchullo sabiendo que no hay plazas para Ibiza, tendríamos que llamarlo y decirle…. Decirle… no se", en ese momento, no pude más y solté "podríamos decirle gilipollas", con tal tono de reproche que la azafata no pudo más que callarse y mirarme asombrada y como dándome la razón. Mis padres alucinaron en colores.
Aunque fuera una malafollá, la muchacha, bastante resolutiva, nos solucionó los billetes hasta Valencia, nos aseguró el posterior vuelo a la isla y nos dio nuestro correspondiente vale por la comida, pero no se despidió sin tirar la "puntá" diciéndome antes de irnos "Bueno, tú como tienes tanto genio, puedes poner una reclamación cuando vuelvas a Granada",con cierto retintín. Todo esto aconteció aproximadamente a las 11 y media, por lo que a las 12 estábamos ya en tránsito de la T4 esperando a que saliera nuestro vuelo a Valencia a la 19:30.
La espera se hizo eterna, miramos las tiendas del aeropuerto, intentamos dormir en esos asientos tan incomodísimos, hicimos sudokus, leímos la prensa, cuando de repente, alrededor de las cinco de la tarde, empezamos a ver que la mayoría de vuelos de la Terminal se retrasan, de media, dos horas. La gente empezó a impacientarse, y nosotros comprendimos que si nuestro vuelo a Valencia se retrasaba volveríamos a perder el de Ibiza y sería imposible llegar esa noche a las islas baleares, tendríamos que volver a Granada. En ese momento mi madre comento "ahora comprendo a la gente que sale en las noticias agobiada, desesperados y llorando porque retrasan y cancelan vuelos. ¡es desesperante! estamos en tierra de nadie!"

Mi padre, muy nervioso, visitaba cada media hora las ventanillas de información a ver si quedaba algún sitio libre directo a Ibiza o si había un vuelo anterior que el nuestro a Valencia para no perder la conexión, todo en vano. Sólo podíamos esperar frente a la K95, la puerta de embarque que nos llevaría a Valencia.
Un par de horas después comenzaron a llamar a embarcar y pacientemente nos colocamos en la cola, temiendo quedarnos en Valencia, pero debíamos intentarlo. Justo delante nuestra había una familia con un montón de niños que también había tenido problemas de tránsito y estaban tardando mucho en solucionar sus billetes, por lo que nuestra paciencia empezaba a acabarse, no podíamos perder ni un minuto en embarcar, Ibiza dependía de ello.

A unos cien metros estaba embarcando un vuelo directo a la isla que de debía haber salido a las 16:40 de la tarde (eras cerca de las siete y media). Desde nuestra cola veíamos como iban realizando las últimas llamadas a los pasajeros. Resignados, nos conformábamos con la opción de Valencia, pensando que no había plazas libres en el vuelo directo.
De pronto, por el altavoz de la puerta de embarque de Ibiza sonó mi apellido, nos miramos extrañados, sonó el de mi madre, y después el de mi padre: "Coño, somos nosotros", y echamos a correr hacia la puerta.
- "Corran, corran, adentro" – urgió la encargada de la puerta.
- "Pero si nosotros tenemos que pasar por Valencia" – dijo mi padre.
- "Venga rápido, vamos, no me hagan esto", indicando que lo mejor era no preguntar y aprovechar la oportunidad.

Ticó los billetes en los que ponía Valencia y los tiró con el resto de pasajes mientras nosotros corríamos como locos por el pasillo de embarque. Salimos a la pista y a toda prisa un controlador nos indicó cual era el avión. Al subirnos descubrimos un montón de sitios vacíos así que nos sentamos en los primeros que vimos. Ya estábamos dentro, ¡íbamos a Ibiza! Mi madre, sentada delante de mí se giró y dijo "se lo he pedido a todos, sobre todo a la abuela Aurora ¡es un milagro! ¡Para que tengas más fe!"

Pero los problemas no acaban aquí, a Ibiza llegábamos, no sabíamos cuando, pero, ¿seríamos capaces de llegar a Formentera ese día?

El último barco Ibiza- Formentera es a las 21:30. El vuelo Madrid –Ibiza es de aproximadamente 45 minutos. Nos montamos en el avión a las siete y media pero estuvimos retenidos dentro del aparato esperando pista casi una hora, aproximadamente hasta las ocho y cuarto. Nuestros nervios iban creciendo poco a poco. Si el avión se retrasaba 10 minutos más perderíamos la barca. El avión despegó a las 20:20 aproximadamente, todo pendía de un hilo.
En ese momento, ya sentados y tranquilos por al menos trasnochar en una de las islas, pensamos ¿y las maletas? ¿Llegaran a Ibiza? ¿Cuando? ¿Se irán a Valencia? Si no sabíamos ni nosotros cómo habíamos acabado ahí, ¿dónde estarían ellas?

El avión aterrizó en Ibiza a las 21: 05 minutos. ¿Podríamos cruzar la isla en media hora? Yo no he vivido más tensión en mi vida. Las maletas empezaron a salir una a una, pausadamente. Mi madre, mi hermano y yo esperábamos a las nuestras mientras mi padre corrió hacia la puerta a parar un taxi, debíamos hacer un último esfuerzo, estábamos muy cerca.
Nuestra primera maleta salió a las 21:15, seguida de la segunda. Mi hermano y yo, con una cada uno empezamos a correr por el aeropuerto de Ibiza buscando la salida. El taxista, fiel retrato de Papa Noel la metió en el maletero. Mi madre llegó con la tercera maleta, también corriendo, 2 minutos después. Eran las 21:20.
Creo que ese taxista no ha conducido así de rápido en su vida. Se estima que desde el aeropuerto al puerto se tarda sobre 20minutos. Por suerte no había casi nadie en la carretera y conseguimos llegar justo a las nueve y media en punto. Cogimos las maletas y otra vez a correr por el puerto hasta el barco. Al legar nos preguntaron si éramos nosotros los que veníamos de Granada. Dijimos que sí. Resulta que nos estaban esperando.
Mi tío, que reside en Formentera, había movido sus contactos y habían conseguido hablar con el dueño de Balearia (la empresa que gestiona los barcos) para que nos esperarán cinco minutos (pero más era imposible, debían cumplir el horario). Por suerte no hizo falta, llegamos a la hora justa.
Ya en el barco, relajados, nos parecía increíble que un viaje que se presuponía bien organizado, cómodo, rápido y sencillo, hubiera sido tan largo y agotador como ir a un pequeño pueblo de la India.

Mañana, la vuelta, que también fue anecdótica a la par que frustrante.

7.12.08

La Extraña Cometa

Aquella mujer, con su tímida mirada y una sonrisa perenne en los labios era la que había conseguido que todo el bloque permaneciera sin la distracción más recurrente durante una crítica noche de sábado.

Una comunidad de vecinos, de media envejecida, vivía tranquilamente un fin de semana cualquiera, sin esperar ninguna significada relevancia. En general, habían hecho la compra por la mañana, habían paseado a media tarde, y a eso de las diez, en el quinto derecha se empezaba a fraguar la tragedia. Un pequeño roedor, tan “joio” que parecía que había sido dibujado por la factoría Disney, y tan moderno que podría ser del rival, Pixar decidía roer concienzudamente el cable que unía a Doña Gertrudis con el mundo exterior. Las imágenes, que para ella surgían inexplicables de la pantalla de la televisión, dejaron paso a un negro absoluto en el cristal de proyección. Sólo se reflejaba la cara de sorpresa de la anciana.

La primera reacción que tuvo la mujer al ver desaparecer al Cantizano del televisor fue la de esperar. Dos minutos, negro. Cinco minutos, negro. Pensó que el mando podría ser otra buena solución. Pulsando teclas sin parar veía como los numeritos de la pantalla avanzaban o descendían a sus órdenes pero todos venían precedidos de puntitos blancos y negros. Ángel, su nieto, siempre decía que parecía que los blancos se peleaban con los negros o al revés, pero ella estaba harta de guerras y tragedias, no quería ver ni un momento más ese galimatías bicolor en su salón. Tras el duro trance de dejar el brasero, se acercó al aparato y pulsó decidida los botones que por allí vio, nada de nada, la reacción siempre era la misma.

Un poco cansada cogió el teléfono y marcó el número de su único hijo.
- Diga
- Juan Carlos, ésto se ha roto
- ¿Mama? ¿Qué quieres?
- Si, nene que solo veo mijillas, se ha roto la tele
- ¿Qué le has hecho?
- Yo nada, solo se apagó y no se qué pasa
- Espera- En ese momento su hijo dio una voz por le teléfono: GOOOL.

A su vez, el vecino de arriba repetía las mismas palabras mientras aplaudía con entusiasmo
- Mama, no se que habrá pasado. ¿Se les ha ido a todos?
- Creo que no, el Ildefonso está gritando como tú ¿Qué pasa?
- Fútbol mama
- Bueno ¿Qué hago?
- ¿Has probado a apagarla y encenderla?
- No estoy segura de lo que hecho, creo que si
- Será la antena.
- ¿Eso que es?
- Pues, un aparato, un cacharro…Como una especie de cometa que hay en la azotea
- ¿Tiene arreglo?
- No se. Bueno, no te preocupes, mañana me paso a ver que es.
- ¿Y que hago esta noche?
- A dormir mami. Un beso


Gertrudis nunca se había caracterizado por ser demasiado valiente, pero con la edad había aprendido que “el que algo quiere, algo le cuesta”. Pensó que aquello de la antena no sería un problema demasiado grave para solucionar y decidió que no pasaría esta noche dándole vueltas a sus recuerdos. Buscó las llaves de la azotea, “¿Dónde las habría dejado Ramón antes de morirse? ¡Este hombre! ¡No tenía consideración ninguna!”. Ramón, aún sin consideración, era uno de los seres más ordenados de la tierra y en un cajón que ponía “llaves” encontró todo lo que necesitaba, dos llaves cromadas con un pequeño cartelito: “de la azotea”. Decidió que era ahora o nunca, que con cosas así era con lo que había que espabilarse.

Se encaminó directa a su cuarto, se puso la bata de bajar la basura y cogió el ascensor hasta el último piso. La cancela del acceso a la azotea crujió al girar la llave. Subió a su ritmo los escalones hasta la terraza y abrió la puerta que daba al exterior. Un frío gélido entró en el hueco de la escalera e hizo que la anciana tiritara dentro de la lana estampada que la cubría. “Rápido, cuanto antes acabe, antes me bajo”. En la terraza consiguió distinguir una estructura metálica que recordaba vagamente a la cometa que le había comentado su hijo. “Vaya cometa más rara. Anda coño, ya se lo que le pasa! Esta enganchada con este cable, con razón no vuela. ¡Así no puede recoger la tele del cielo! ¡Vaya!”.

Miro a su alrededor buscando algo para liberar a la cometa. Joaquín, un vecino que cuidaba los cuatro geranios escuálidos de la azotea se había dejado una pequeña caja con varios enseres de jardinería guardada bajo el techado de la entrada. Buscó rápidamente en su interior y encontró unas tijeras un poco oxidadas. Las cogió con cuidado y se dirigió hacia la extraña cometa. Cuando se acercaba sintió un fuerte viento a su espalda y sonriendo pensó que esto vendría genial para hacer que la antena despegara fácilmente hacia el cielo, pero volvió a tiritar de frío haciendo que se apresurará más aún.

Llegó a su destino y sin pensarlo dos veces cortó el cable blanco que aferraba con fuerza la cometa. Sintió como a la vez se liberaba su alma, como aquella antena, que ahora podría llegar a recibir la señal perfectamente. Volvió a sonreír al ver su trabajo bien hecho “¡y solita!” y se dio la vuelta pensando que la próxima ráfaga de viento se llevaría con ella la antena. Rápidamente, puesto que Noviembre no era un mes como para pasear de noche y en bata cerró la puerta de la azotea y cogió tranquilamente el ascensor que la acercó a su piso.

Entró, cerró la puerta y se dirigió al salón, satisfecha, pero antes de llegar llamaron al timbre.
- Doña Gertrudis, el cable de la antena se ha partido, no se preocupe. Ya han llamado a un técnico para que venga arreglarlo, pero no podrá ser hasta mañana.
- ¿No ha conseguido volar?
- No – contestó el informador, extrañado – creemos que no. Lo peor es que le quedaban muy pocos minutos al fútbol y estaban en ronda de penaltis. ¡Que Rabia!
- Si, ¡Que lástima! Me caía bien esa antena. Bueno, gracias por avisarme
- De nada señora. Mañana pasaremos a ver si su tele vuelve a verse bien
- Adiós
- Adiós

4.12.08

El mundo según Casciari

>Me enviaron no hace demasiado un correo electrónico con esta interesante definición del mundo (y por ende, de las relaciones de política internacional). No se dónde fue publicada, pero me ha hecho conocer a un literato - bloguero de lo más interesante: Se llama Herman Casciari.

--- No tiene desperdicio

Leí una vez que la Argentina no es mejor ni peor que España, sólo más joven. Me gustó esa teoría y entonces inventé un truco para descubrir la edad de los países basándome en el 'sistema perro'.
Desde chicos nos explicaron que para saber si un perro era joven o viejo había que multiplicar su edad biológica por 7. En el caso de los países hay que dividir su edad histórica entre 14 para saber su correspondencia humana.
¿Confuso?

En este artículo pongo algunos ejemplos reveladores.

Argentina nació en 1816, por lo tanto ya tiene 190 años. Si lo dividimos entre 14, Argentina tiene 'humanamente' alrededor de 13 años y medio, o sea, está en la edad del pavo.
Es rebelde, pajera, no tiene memoria, contesta sin pensar y está llena de acné (¿será por eso que le dicen el granero del mundo?)

Casi todos los países de América Latina tienen la misma edad y, como pasa siempre en esos casos, forman pandillas.
La pandilla del Mercosur son cuatro adolescentes que tienen un conjunto de rock. Ensayan en un garaje, hacen mucho ruido y jamás han sacado un disco.

Venezuela, que ya tiene tetitas, está a punto de unirse a ellos para hacer los coros. En realidad, como la mayoría de las chicas de su edad, quiere tener sexo, en este caso con Brasil, que tiene 14 años y el miembro grande.

México también es adolescente, pero con ascendente indígena. Por eso se ríe poco y no fuma ni un inofensivo porro, como el resto de sus amiguitos, sino que mastica peyote, y se junta con Estados Unidos, un retrasado mental de 17, que se dedica a atacar a los chicos hambrientos de 6 añitos en otros continentes.

En el otro extremo está la China milenaria. Si dividimos sus 1,200 años por 14 obtenemos una señora de 85, conservadora, con olor a pipí de gato, que se la pasa comiendo arroz porque no tiene -por ahora- para comprarse una dentadura postiza. La China tiene un nieto de 8 años Taiwán, que le hace la vida imposible.

Está divorciada desde hace rato de Japón, un viejo cascarrabias, que se juntó con Filipinas, una jovencita pendeja, que siempre está dispuesta a cualquier aberración a cambio de dinero.

Después, están los países que acaban de cumplir la mayoría de edad y salen a pasear en el BMW del padre. Por ejemplo, Australia y Canadá, típicos países que crecieron al amparo de papá Inglaterra y mamá Francia, con una educación estricta y concheta, y que ahora se hacen los locos. Australia es una pendeja de poco más de 18 años, que hace topless y tiene sexo con Sudáfrica; mientras que Canadá es un chico gay emancipado, que en cualquier momento adopta al bebé Groenlandia para formar una de esas familias alternativas que están de moda.

Francia es una separada de 36 años, más puta que las gallinas, pero muy respetada en el ámbito profesional. Tiene un hijo de apenas 6 años: Mónaco, que va camino de ser puto o bailarín... o ambas cosas. Es amante esporádica de Alemania, camionero rico que está casado con Austria, que sabe que es cornuda, pero no le importa.

Italia es viuda desde hace mucho tiempo. Vive cuidando a San Marino y al Vaticano, dos hijos católicos idénticos a los mellizos de los Flanders. Estuvo casada en segundas nupcias con Alemania (duraron poco: tuvieron a Suiza), pero ahora no quiere saber nada con los hombres.
A Italia le gustaría ser una mujer como Bélgica: abogada, independiente, que usa pantalón y habla de política de tú a tú con los hombres (Bélgica también fantasea a veces con saber preparar espaguettis).

España es la mujer más linda de Europa (posiblemente Francia le haga sombra, pero pierde espontaneidad por usar tanto perfume).. Anda mucho en tetas y va casi siempre borracha. Generalmente se deja follar por Inglaterra y Después hace la denuncia. España tiene hijos por todas partes (casi todos de 13 años), que viven lejos. Los quiere mucho, pero le molesta que, cuando tienen hambre, pasen una temporada en su casa y le abran la nevera.

Otro que tiene hijos desperdigados es Inglaterra. Sale en barco por la noche, se tira a las pendejas y a los nueve meses aparece una isla nueva en alguna parte del mundo. Pero no se desentiende de ella. En general las islas viven con la madre, pero Inglaterra les da de comer. Escocia e Irlanda, los hermanos de Inglaterra que viven en el piso de arriba, se pasan la vida borrachos y ni siquiera saben jugar al fútbol. Son la vergüenza de la familia.

Suecia y Noruega son dos lesbianas de casi 40 años, que están buenas de cuerpo, a pesar de la edad, pero no le dan bola a nadie. Cojen y trabajan, pues son licenciadas en algo. A veces hacen trío con Holanda (cuando necesitan porro); otras, le histeriquean a Finlandia, que es un tipo medio andrógino de 30 años, que vive solo en un ático sin amueblar y se la pasa hablando por el móvil con Corea.

Corea (la del sur) vive pendiente de su hermana esquizoide. Son mellizas, pero la del norte tomó líquido amniótico cuando salió del útero y quedó estúpida. Se pasó la infancia usando pistolas y ahora, que vive sola, es capaz de cualquier cosa.
Estados Unidos, el retrasadito de 17, la vigila mucho, no por miedo, sino porque le quiere quitar sus pistolas.

Israel es un intelectual de 62 años que tuvo una vida de mierda. Hace unos años, Alemania, el camionero, no lo vio y se lo llevó por delante. Desde ese día Israel se puso como loco.
Ahora, en vez de leer libros, se lo pasa en la terraza tirándole piedras a Palestina, que es una chica que está lavando la ropa en la casa de al lado.

Irán e Irak eran dos primos de 16 que robaban motos y vendían los repuestos, hasta que un día le robaron un repuesto a la motoneta de Estados Unidos y se les acabó el negocio. Ahora se están comiendo los mocos.

El mundo estaba bien así, hasta que un día Rusia se juntó (sin casarse) con la Perestroika y tuvieron como docena y media de hijos. Todos raros, algunos mongólicos, otros esquizofrénicos.

Hace una semana, y gracias a un despelote con tiros y muertos, los habitantes serios del mundo descubrimos que hay un país que se llama Kabardino-Balkaria. Un país con bandera, presidente, himno, flora, fauna....y ¡hasta gente!

A mí me da un poco de miedo que aparezcan países de corta edad, así, de repente. Que nos enteremos de costado y que, incluso, tengamos que poner cara de que ya sabíamos, para no quedar como ignorantes Y yo me pregunto: ¿Por qué siguen naciendo países, si los que hay todavía: No funcionan

---------------------------

nota de M_ n_ _l al pie: no conozco cuando ocurrio lo de Kabardino - Balkaria, incluso desconocia la existencia de ese país, pero al fin y al cabo, la reflexión de Casciari es muy acertada a la par que simpática

2.11.07

Retrato

Estando tan cerca su cara me pareció perfecta.
Lo más mágico era su mirada, unos ojos de forma felina pero que, aún trasmitiendo la fiereza de quien vive libre, conseguían traspasar tu alma con inmensa dulzura inundándola de la claridad azul que irradiaba su iris. Sobre este profundo remanso de ensueño, unas finas cejas negras se escondían tímidas bajo el rebelde flequillo, un aunque podría contar miles de historias, se limitaba a encuadrar su cara como el más idóneo de los marcos. Un flequillo que pretendía esconder la luz de su mirada pero que rabioso por no conseguirlo se deshacía en picachos intentando empañar las miles de sensaciones que causa su intensa mirada
Centrada en su faz, su nariz, realizada con el mejor tiralíneas de Dios, parecía haber sido diseñada expresamente para ella, perfecta, sin ningún tipo de defecto o imperfección era capaz de captar y de dar vida por méritos propios a toda la luz del lugar.
Y ¿Qué decir de sus labios? Finos pero carnosos, tímidos pero sensuales. Tintados con leves tonos rosados, se deshacían en una mueca pícara típica de quien sabe que ya te ha conquistado.

(próximamente la foto, a ver si he acertado)

8.9.07

Para siempre (III)

Los ojos del joven reflejaban una gran ternura y el brillo que irradiaba de ellos hacía que el verde de su iris pareciera casi mágico. Sonriendo, el muchacho aún la sujetaba, y aunque habían pasado muy pocos segundos desde que comenzó a sujetarla, ambos sentían que habían estado juntos mucho tiempo.
···
De repente algo brilló en el cuello del joven.
Mirándolo detenidamente…
Todos podemos intuir que ponía, ¿no? I I I

5.9.07

Para Siempre (II)

- Aquí termina nuestro camino
- ¿Por que? ¿Por que? ¿Por que nos obligan a separarnos? - dijo Arturo
- Somos muy diferentes, ésto ha sido casi un error
- No, no lo llames error, han sido los mejores años de mi vida
- Y de la mía también, pero ambos sabíamos que ésto tenía que pasar, vine a este castillo sólo durante los años en que mi tío, el rey, me necesitara, y ahora que ha muerto, lo que más me duele es perderte de mi lado. Debo estar loca por sentir ésto
- No estas loca, solo enamorada
- ¿Y no es, acaso, lo mismo?
- ¡No!, es maravilloso. Deberíamos olvidarnos de todo e irnos los dos juntos, donde nadie nos conozca, donde estas estúpidas reglas no tengan validez. Donde las personas puedan casarse con quien quieran, sin importar si son nobles o plebeyos.
- Ese lugar sólo existe en tu cabeza, mi amor. La cruda realidad es que estoy prometida con aquel dichoso conde desde que cumplí los 15 anos y nada puede romper ese maldito vínculo
- Pero tú no le amas, ni siquiera os conocéis
-
Lo se ¿crees que no me duele tener que hacerlo? Pero ésto lleva pactado años y hay muchos intereses que ni imaginamos por medio. Lo único que tengo claro es que no podemos interponernos o la venganza será terrible y nunca podremos ser felices
- Pero ésto no puede acabar así... No dejemos que ésto muera, por favor - suplicó mientras una dura lágrima recorria lamejilla del muchacho
- El amor que existe entre nosotros nunca morirá - dijo Irene mientras sacaba dos colgantes idénticos, aunque con distintas iniciales. Dio al joven el que contenía su inicial y ella se quedo el que contenía las tres aes, la inicial del muchacho- lleva contigo este colgante y siempre estaremos juntos
- Un colgante jamás podra reemplazarte
-
Lo se, Arturo, pero siempre nos quedara el recuerdo de los años mas felices de nuestra vida
···
Un cálido y apasionado beso puso fin a aquella dura despedida.
Jamás volvieron a verse, pero siempre llevaron pegado a su pecho sendos colgantes.
Y, al morir, con los colgantes entre las manos, ambos sintieron que estuvieran donde estuvieran, siempre estarían juntos, que los collares los guiarían a través de las distintas épocas y vidas para acabar uniéndolos Para siempre.
Arturo lo último que dijo fue:
Irene, Irene, Irene
Irene repitió tres veces el nombre de su amado junto con su último aliento:
Arturo, Arturo. Arturo

1.9.07

Para Siempre (I)

Lo mejor escondido es lo que está a la vista de todos, por eso Isabel, como otras muchas personas habían hecho antes, llevaba aquel extraño colgante en el cuello. Una placa circular de plata que contenía tres simples letras grabadas AAA. Algunos pensareis que son únicamente iniciales, otros diréis que son letras al azar, y algunos, lo mas ingeniosos, incluso dirán que pueden ser meras letras de propaganda de cualquier marca. Pero la historia de aquel colgante era mucho más interesante que todo ésto y ni siquiera la portadora del amuleto conocía su fuerte poder.
···
La muchacha, una fría tarde, paseando por el centro de Granada encontró en una concurrida plaza un mercadillo donde se vendían toda clase de cosas antiguas, desde enormes cuadros a pequeños y extraños objetos y cachivaches (la mayoría diríamos chismes), aunque bonitos, inservibles. Al acercarse a uno de esos puestos chocó con un alto muchacho que se alejaba de él, pero Isabel, sin darle importancia, fijó rápidamente su mirada en un precioso colgante antiguo que había dentro de una caja de latón, medio oculto entre todas las demás alhajas de distintos materiales y diseños que estaban dentro.
En seguida quedó prendada de él, y aunque dudaba de las indicaciones del vendedor, que aseguraba que el colgante era mágico y de la edad media, no dudo en comprarlo. Tras regatear con el tendero consiguió una inmejorable oferta y acepto y no esperó ni un minuto para ponérselo.
Será psicológico - pensó la joven - pero me siento mejor con él puesto”.


Tras pasear un rato por el bello centro de la ciudad decidió regresar a casa.
Sentada en la parada del autobús recordó al muchacho con el que se había cruzado en el puesto. Aunque apenas lo había visto, y mucho menos reparado apenas en él, su borrosa imagen no se diluía de su mente y sus rasgos difusos inundaban sus pensamientos. El autobús llegó y tras dejar pasar a una anciana, subió al vehículo cuyo conductor, apresurado, y viendo que no quedaba nadie en la parada, puso en marcha.
Ella, en ese momento, no estaba ni sujeta ni preparada para el acelerón, y además se giraba para mirar hacia adelante, por lo que perdió el equilibrio y empezó a caer de espaldas. Justo antes de caer al suelo alguien la cogió por la cintura y quedó suspendida en el aire como un buen final de tango. Cuando comprobó quien la había cogido, todo a su alrededor se paró. Era el joven del puesto.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...